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“Toda enfermedad comienza en el intestino“. Fue hace más de 2000 años que el médico griego Hipócrates, padre de la medicina moderna, proclamó esta frase.

La sabiduría de este médico nos sigue sorprendiendo aún hoy en día. Hoy sabemos que es innegable la influencia de la microbiota intestinal en el desarrollo, curso y tratamiento de diversas enfermedades de origen intestinal y extraintestinal.

 

Las enfermedades mentales y el comportamiento no son una excepción. Desde los años 1800 sabemos que existe una relación entre el estado de ánimo y la digestión, por lo tanto, entre el intestino y el cerebro. En esa época el doctor William Beaumont operó al paciente Alexis St. Martin quién recibió accidentalmente una herida de bala en el abdomen. Tras la intervención el doctor tuvo que dejar dos estomas, o accesos directos desde la piel al estómago y desde el intestino a la piel. Al ser la primera vez que se realizaba este tipo de cirugía, el doctor documentó día tras día el tipo de alimento que entraba por el primer estoma y las características de lo que se evacuaba por el segundo estoma. Ahí notó que cuando su paciente estaba enojado o ansioso, afectaba su digestión.

Desde entonces se han hecho muchísimos estudios al respecto, que han aumentado nuestro entendimiento sobre las características de la vía cerebro-intestino, una fina conexión nerviosa entre el sistema digestivo en toda su extensión y el cerebro, cuya comunicación constante es vital para funciones tan básicas como las sensaciones de hambre y saciedad y la liberación de hormonas y enzimas digestivas, hasta otras más complejas como el pensamiento y comportamiento, entre otras. Esta comunicación es bilateral, de modo que no solamente nuestro estado de ánimo afectará nuestra nutrición, si no que el estado de nuestro sistema digestivo afecta nuestro comportamiento y procesos cognitivos y mentales.

 

Si bien esta conexión ya está muy bien conocida y descrita, los investigadores no se han quedado solamente con eso. Con los últimos avances en el conocimiento y descripción de la microbiota, especialmente la microbiota intestinal, estaba claro que tenía que haber una relación entre ella y la vía intestino-cerebro. ¡Era imposible pensar que fueran totalmente independientes! Así, durante los últimos años las investigaciones al respecto han demostrado que, en efecto, la microbiota intestinal no solamente está estrechamente ligada, si no que es uno de los principales reguladores de esta vía. Es por eso que recientemente se ha acuñado el término “vía intestino- cerebro – microbiota”.

 

Ahora sabemos que la vía intestino- cerebro – microbiota está relacionada con el desarrollo de enfermedades tan diversas como la depresión, obesidad o autismo, entre otras. Y esto no se queda ahí. Recientemente se ha estudiado la influencia del intestino y su microbiota en algunos procesos cognitivos y psicológicos. De manera que la microbiota intestinal puede influir en nuestro comportamiento social y cognitivo, miedos, estrés, ansiedad, etc.

 

La sociabilidad, definida como una interacción entre más de un animal de cualquier especie, resulta fundamental al traer múltiples ventajas como el aprendizaje, cooperación, protección, reproducción, etc. El comportamiento social en el reino animal parece estar fuertemente influenciado por la microbiota. En estudios recientes se ha demostrado que ratones libres de gérmenes(que han recibido tratamientos específicos para asegurarse de que tengan las características necesarias para realizar el estudio) pasan menos tiempo interactuando con sus iguales que los ratones colonizados convencionalmente (con una microbiota intestinal normal). Además, los ratones libres de gérmenes son incapaces de distinguir un ratón de otro, mientras que los colonizados tienden a preferir ratones familiares. Esto también se ha demostrado en ratones que recibieron tratamiento antibiótico, reduciendo la diversidad en su microbiota, lo que dio como resultado déficits en el comportamiento social.

 

Los mecanismos exactos por los cuales la microbiota tiene tal impacto en el comportamiento social aún no están descritos con exactitud, pero se cree que es resultado de muchísimas vías metabólicas dependientes de la microbiota que actúan cooperativamente. Entre los mecanismos descritos  por los cuales la microbiota influye en el comportamiento que se han demostrado los siguientes:

  1. Algunos componentes bacterianos, como los peptidoglicanos, cruzan del intestino al cerebro, modificando su estructura y funcionamiento.
  2. La amígdala cerebral, encargada de gran parte de nuestro comportamiento, y aparentemente el punto central por el cual la microbiota influencia nuestro comportamiento, parece hipertrófica en ratones con alteraciones en la diversidad y riqueza de la microbiota.

También existen distintos estudios que sugieren la posibilidad de modular el comportamiento a través del consumo de probióticos y prebióticos.

Por ejemplo, la administración de L. Reuteri u otras mezclas de probióticos han demostrado ocasionar un aumento en la circulación de oxitocina en sangre, con la mejoría en el comportamiento social que esto supone, además de disminuir citocinas proinflamatorias, modulando también el sistema inmunitario.

Algunas otras intervenciones dietéticas, como la adecuada suplementación de ácidos grasos poliinsaturados como el Omega 3, sobre todo en etapas de desarrollo (embarazo, lactancia, primeros años de vida, crecimiento, adolescencia) tienen efectos prosociales. Es ya ampliamente conocido el efecto benéfico que tiene el Omega 3 en la composición de la microbiota.

¿Cómo cuidar tu microbiota para obtener los beneficios en cuanto al comportamiento social?

Como se ha dicho antes, una suplementación con probióticos, prebióticos cuidadosamente creados para el crecimiento y desarrollo de esas cepas, y omega 3, cubrirás las 3 principales esferas que influyen en el comportamiento, además de en las funciones cognitivas, metabólicas, inmunológicas y digestivas que desarrollamos en otros post.

Complementar tu alimentación con alguno de los combos Winbiota te da la oportunidad de cuidar íntegramente de tu microbiota, a sabiendas de que cada combo busca mejorar tu salud integral, enfocándose a tus necesidades particulares.

Aunque Winbiota por sí sola ha demostrado ser eficaz, no olvides que un pilar fundamental es una alimentación completa, sana y balanceada y actividad física regular.

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